Esta cerámica también es muy simple. Un cara, casi una caricatura, salida de un masacote que ni siquiera secó en un horno como correspondería hacerse. allí quedó y allí continua.
El viento guarda nuestras penas. Las junta con las nubes y se las lleva a algún rincón lejano de donde volverán cansadas de recorrer los caminos de la vida. Sólo él las conoce, sólo él y nadie más.
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